Como es de costumbre, hoy camino a casa, escuché música y tras escuchar
una gran lista de mis canciones favoritas, por alguna extraña razón… Tu nombre
vino a mi mente, todos esos recuerdos, todo lo que viví a tu lado y lo que me
hubiera gustado vivir contigo, pasó ante mis ojos como película antigua….
De la nada, mis ojos se llenaron de lágrimas… Solo una gota logró caer y
recorrer mi mejilla, pero antes de poder finalizar su trayecto, yo
cruelmente la sequé…
Levanté la mirada, me resistí a soltar otra lastimosa lagrima… Simplemente suspiré, me detuve por un instante para poder cuestionarme: ¿Por
qué cuando creo que por fin he logrado “olvidarte”, “superarte” y seguir
adelante con mi vida, de pronto… de la nada, apareces?.
Supongo que, después de todo, aún sigo atada a ti, tal vez
inconscientemente no quiero o no logro “dejarte ir”, pero ¿Por qué me cuesta
tanto trabajo deshacerme de ti, desprenderme de todo aquello a lo que me aferro
en vano, sabiendo que jamás nunca podré alcanzarlo?
Hoy y siempre estaré agradecida de haber conocido a alguien tan
especial, como lo eres tú. Me quedo con lo mejor de las cosas, lo mejor de ti….
Pero sobre todo, con lo mejor de mí cuando a tu lado me encontré, porque
lograste hacer de mí una mejor persona.
“Algo demasiado malo he de haber cometido, como para merecer tanto
sufrimiento”, con este pensamiento me levanto temprano casi todas las mañanas.
Dicen que cada día es un nuevo comienzo… Yo lo dudo, todos los días parecen tan
similares, no hago cosa distinta…. Todo es tan rutinario. Tal vez la costumbre
existe con el propósito de evitar recuerdos… Cada día me escapo un poco más de
lo que creo, me puede hacer daño.
La mayoría de las cosa me atemorizan, ya que algunas amenazan con
traerme bellos, pero dolorosos recuerdos y es inútil tratar de escapar de todo, de ti… incluso la luna se
encuentra en mi contra, haciendo que las noches se vuelvan melancólicas, al
recordarme que lo único que compartiremos cada noche, es a ella… sin importar
donde nos encontremos.
Amargamente paso las noches en vela, tratando de resolver si fui yo
quien tuvo la culpa de tan miserable desenlace, ¿Acaso seré yo la única responsable
de tan fatídica desgracia o es que acaso fue mi mente quien jugó consigo misma?
Convencida estoy de que mientras yo escribo esto con un nudo en la
garganta, tu estas igual que siempre… Sin pensar en mí y sin duda alguna eso es
lo que más me duele.
Soy estúpida al pensar que leerás esto… Sin embargo, seguiré con la
esperanza y la ilusión que me mantiene firme, ante el dudoso y caprichoso
destino.
Dicen que “No hay mal que por bien no venga”, pero ¿Qué bien traerá el
haberte conocido?... Bueno ahora que lo pienso bien, ¿Qué sería del amor, si no
hubiera un poco de tragedia? No sería interesante, no se sentiría igual… Así
como se necesita de la muerte para apreciar la vida, también se necesita sentir
dolor, para poder valorar la felicidad.
Y suponiendo que esto es un adios definitivo, ojala lograras entender
solo una cosa, fuiste mi todo y te quise como a nadie en el mundo. Hoy he
decidido dejar de quejarme, sufrir y extrañarte… esperando que algún día pueda
amar a alguien más, como te amé a ti….
Escrito por: Karen Skiper
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